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Menonitas se apoderan de más de 7 mil hectáreas en Ébano, SLP: una expansión silenciosa y depredadora

Ébano, S.L.P., 2 de julio de 2025 — En el corazón de la Huasteca potosina, el municipio de Ébano ha sido escenario de una silenciosa pero alarmante expansión agroindustrial encabezada por comunidades menonitas, quienes actualmente controlan más de 7,275 hectáreas sembradas, colocándolo como el quinto municipio con mayor superficie cultivada de soya a nivel nacional.

Sin embargo, detrás de esta cifra aparentemente positiva se esconde una grave problemática ambiental y social: el desconocimiento sobre cómo estas comunidades se han hecho de grandes extensiones de tierra, y el impacto que su modelo de agricultura intensiva está teniendo sobre el entorno natural.

Autoridades y pobladores locales han señalado que gran parte de estas tierras han sido adquiridas o apropiadas bajo esquemas poco claros, sin consultar a ejidatarios ni realizar estudios de impacto ambiental. El avance de las comunidades menonitas en la región ha ido acompañado de desmontes extensivos, tala de árboles, quema de vegetación y el uso masivo de agrotóxicos, prácticas que ya han generado preocupación en entidades como Campeche, Yucatán y Quintana Roo, donde la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa) ha clausurado miles de hectáreas devastadas.

En Ébano, las selvas y áreas naturales han comenzado a ser sustituidas por monocultivos mecanizados de soya y maíz, bajo un modelo agrícola que favorece la rentabilidad, pero amenaza la biodiversidad y el equilibrio ecológico de la Huasteca. La falta de una regulación clara, sumado a la pasividad de las autoridades, ha permitido que esta expansión continúe sin freno ni supervisión efectiva.

Organizaciones ambientales advierten que lo que hoy se presenta como desarrollo agrícola puede convertirse en una crisis ambiental de gran magnitud si no se detiene la deforestación y se regulan las prácticas de siembra intensiva. La experiencia de otros estados demuestra que la presencia menonita en zonas rurales va más allá de la producción agrícola: implica cambios profundos en el uso del suelo, en la cultura local y en el acceso a recursos naturales como el agua, el suelo fértil y la biodiversidad.

“La Huasteca potosina no puede seguir el camino de la Península de Yucatán, donde se han perdido miles de hectáreas de selva por este mismo modelo agroindustrial”, alertaron colectivos ambientales de la región.

El caso de Ébano exige respuestas claras: ¿cómo se están adquiriendo estas tierras?, ¿qué impacto está teniendo esta expansión sobre el medio ambiente y las comunidades locales?, ¿quién está beneficiándose realmente de esta producción?

Frente a una expansión silenciosa, pero agresiva, la omisión puede convertirse en complicidad. La protección del territorio potosino debe ser una prioridad antes de que el daño sea irreversible.

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