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“Salvita no es un número”: familia de joven asesinado reclama por la violencia en México

•⁠ ⁠Gabriel Salvador Martínez Flores, estudiante de Criminología y atleta de la UASLP, tenía 21 años cuando dos balazos le arrebataron la vida.

Una familia potosina convirtió el dolor por el asesinato de un joven de 21 años en una carta abierta dirigida a la presidenta de México, Claudia Sheinbaum Pardo, en la que cuestiona que su muerte no haya sido registrada siquiera en los espacios informativos que documentan la violencia en el país.


Gabriel Salvador Martínez Flores, conocido por su familia y amigos como “Salvita”, era estudiante de Criminología en la Facultad de Derecho de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí (UASLP). Le faltaba un año para concluir su carrera y formaba parte del equipo de tiro con arco de su facultad, disciplina en la que obtuvo diversos reconocimientos y medallas.


De acuerdo con la carta, el joven fue asesinado de dos disparos cuando apenas comenzaba su vida profesional. Su familia rechaza que sea reducido a una cifra dentro de las estadísticas de homicidios y destaca la historia que había construido a sus 21 años.


Además de estudiar y entrenar, Salvita buscaba mejorar las condiciones económicas de su familia. En la universidad emprendió un pequeño negocio de comida al que llamó “Los muertos de hambre”, donde vendía chilaquiles, empanadas y gelatinas. Preparaba los alimentos y los trasladaba en bicicleta hasta la institución.


Los domingos acompañaba a su madre y hermanos a vender ropa en un tianguis, mientras que durante la semana también se encargaba de preparar los alimentos de su abuela, una mujer de más de 80 años. En vacaciones buscaba empleos temporales para ahorrar y cumplir uno de sus sueños: viajar y conocer Colombia.


La carta también recuerda su amor por los animales y la naturaleza. Salvita rescataba perros y gatos y cultivaba en el patio de su casa un pequeño huerto con árboles y flores que cuidaba con orgullo.


Su muerte provocó una amplia muestra de solidaridad. Cientos de personas acudieron a la funeraria para acompañar a la familia, entre ellos antiguos compañeros de secundaria, estudiantes y profesores de la UASLP, integrantes del equipo de tiro con arco, amigos, vecinos y familiares. En el cementerio fue despedido entre flores blancas, globos y música de mariachi.


En el texto, la familia describe el profundo impacto de la tragedia y señala que su abuela, su madre y sus hermanos enfrentan un dolor que, aseguran, marcará sus vidas. La autora de la carta relata también que por primera vez experimenta personalmente la violencia que diariamente aparece en las noticias.


La misiva cuestiona además la manera en que las autoridades presentan las cifras de seguridad y sostiene que detrás de cada homicidio existe una persona con nombre, historia, sueños y una familia que queda devastada.


“Salvita no es, ni nunca será un simple número”, expresa la carta, al tiempo que compara su caso con el de miles de jóvenes asesinados o desaparecidos en México.


Finalmente, la familia reclama que el país no puede reducir la violencia a estadísticas y advierte que el verdadero impacto de la inseguridad se encuentra en los hogares de las víctimas, donde los familiares deben enfrentar las consecuencias de una pérdida que, aseguran, las autoridades no pueden medir únicamente con cifras.

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