EL CONSTANTE SUSURRO DE QUE HAY ALGO MÁS
*Por Juan Carlos Hernández A.
La constante en la vida diaria es una batalla hoy en esta época, temporada,semanas, días y hasta horas, estamos atravesando por unos de días aciagos, que en su descripción es de peligro, infaustos o llenos de penas, todo afecta en lo ordinario la inseguridad, estabilidad política y social igual a que a la pobreza constante e imparable por todo el mundo.
Hay, sin embargo, la esperanza de contar un nuevo amanecer en el transcurso de la vida misma es una idea presente en cada persona que se alienta y motiva por hacer y buscar el bien, para sí y para los demás, recreándose en el servicio con total humildad y viendo por su semejante para entenderle y ayudarle. Que bueno sería que todas las personas cumplieran esa premisa de servir, tal cual como un hábito o disposición permanente que nos mueva a obrar el bien y evitar el mal.
Son ellos, los hábitos, que nos perfeccionan la voluntad, acrecentando la prudencia que es saber cuándo actuar o no, también la justicia que significa dar a cada uno lo que merece, igual que la fortaleza, con el ánimo firme ante lo adverso, importa mucho también la templanza, que es la moderación de los placeres. Así entonces es que nuestra razón y conciencia nos advierten que nuestros actos no pueden tener el mismo valor moral, y, en el orden moral, el bien merece probación y recompensa, mientras que el mal merece reprensión y castigo.
Como norma de la moralidad, tenemos que para que una acción sea buena debe serlo en su integridad, para que sea mala, basta que sea malo, el objeto o el fin o alguna de las circunstancias, así pasamos la vida, pensando qué hacer y qué evitar, siempre nos acontece que la conciencia nos susurra al oído, por cada acto que hacemos, nosotros elegimos si es bueno o reprobable. Estamos ciertos que nuestra conciencia es una justiciera que nos acompaña siempre.
El hombre se empecina a buscar la felicidad en lo ordinario como lo material sin darse cuenta de que ello es pasajero, imperfecto y acabado, no se acuerda que la felicidad es más que poseer cosas, reconocimientos o títulos, se apasiona en el mundo con poses hedonistas, utilitaristas y ventajosas a su favor, metido en un egocentrismo acérrimo que no le deja ver más allá, en su condición humana ambivalente que deriva en un existencialismo y relativismo tan débil como equívocos ambos conceptos para estorbar en la perfección humana.
Hay deterioro en la sociedad cuya condición es egoísta y ello imprime de lo universal a lo particular en el comportamiento y las actitudes de hoy, parece que hemos olvidado los principios que se nos dieron en familia, que ya no más existieran, sin embargo, hay que reconocer que los desafíos son enormes, tan grandes que no podemos y no debemos confrontarlos a través del aislamiento personal, no podemos hacerlo de manera individual sino en coparticipación unos con otros en sociedad, trabajar e impulsar la ayuda todos en aras de buscar el bien común, que con seguridad nos lleve a un mejor estado de paz y de vida hacia la búsqueda del bienestar y del bien pensar.
La ignorancia es causa de error, dolor e incertidumbre, que nos hace caer una y otra vez y a veces en el mismo fango; empero a ello, se puede remediar con hábitos de respeto, veracidad, honor y por supuesto honestidad impresa de valores que en la práctica diaria se convierten en virtudes. Siempre tendremos un susurro de que hay algo más para hacer y compartir.
Porque como expreso Tomas de Aquino: “El hombre es constituido dueño de sí, por el libre albedrío, y en consecuencia puede disponer de sí en lo que pertenece a esta vida, que se rige por el libre albedrío. Pero, el tránsito de esta vida a la otrano cae bajo este libre albedrío, sino bajo el poder de Dios” * Hágale pues, que la vida es solo una.
*(Tomás de Aquino, Suma teológica, 22, p. 64,5).






